Se veía venir. Era cuestión de tiempo, de muy poco tiempo. Esta Semana Santa, y la anterior, y la otra, la gente se hacía cruces al escuchar su garganta rota en un grito lacerante o merecida en quiebros amorosos, por saetas, delante de cristos y vírgenes. Pero sólo contemplaban la punta del iceberg: los aficionados inteligentes intuían que pronto rompería en una cantaora de cuerpo entero y con proyección. Cantaora por derecho.
Lo presintieron en El Taranto con un run rún de admiración durante su presentación en esta “capilla sixtina” de lo jondo a la par que la aplaudían en cuantas peñas propias o foráneas actuaba. Por fin, el reconocimiento a tanto arte acumulado, ha sucedido en el marco del Nacional de Arte Flamenco en la cuidad de los Califas: el concurso de los concursos en opinión unánime de profesionales y neófitos.
En Córdoba, María José Pérez, y Rodríguez por su madre, ha presentado sus credenciales con fuerza ante una afición expectante. Yo voy ahora a tirar flores por las calles y al que le de que perdone. Le debía un ramillete de piropos en papel escrito. Ella, sin ayudas (o muy pocas) ni padrinos, me ha marcado el día y hora de cumplir con alegrías desde estas paginas. ¡Ea, señoreas y señores! Aquí hay una cantaora para lo que gusten mandar. ¿A compás?, vamos a compás. ¿Por los aires de mi tierra?, venga de ahí la cejilla por tarantas y tarantos que saben a plomo y plata de las sierras de mi Almería.
Una voz privilegiada
El Grupo “niña de los peines” (del que fue finalista) lo declararon desierto. Pero quedaba el muy codiciado “Don Antonio Chacón”. Tras dos fases de selección y criba, cinco aspirantes alcanzaron la final del día nueve del presente mes y año.
Con ellos Calderito, guitarrista oficial. A María José le bastaron y sobraron tres estilos refundidos en dos variantes para alzarse con el primer premio absoluto. A saber: granaínas de Vallejo y taranto de Fosforito rematado con la taranta clásica. Tengo el testimonio personal de dos miembros del jurado (no traiciono ningún secreto de sumario puesto que el veredicto está dictado y las actas firmadas). Mira Antonio- me decía uno- esta mujer, por esos “palos” en que se ha llevado el premio Chacón es muy muy buena, posee una voz privilegiada, limpia, con registros distintos y bien timbrada. El otro, presente en el certamen “Julián Arcas”, corroboraba las alabanzas: además de la voz exquisita y melodiosa, es valiente a la hora de sacar los cantes con fuerza y gusto. ¿Valen mayores elogios? Item más, añado yo: tiene afición y es estudiosa, afinado oído, dominio de los difíciles tonos bajos que remata por arriba sin dar chillidos. Ya saben la máxima: despacio, sin gritos ni carreras, que nos queda tosa la noche por delante. Gozoso debe ser para ella este sábado cuando en el escenario del Gran Teatro cordobés reciba el diploma acreditativo y la correspondiente dotación económica.
Pese a su aún corta carrera profesional, atesora numerosos galardones logrados en distintos foros. Por su repercusión mediática y reconocimiento público, el más gratificante sin duda fue el de Jóvenes valores de Andalucía en el cante, en 2005.
En otro orden de cosa debo consignar que su formación se ha enriquecido tras meses integrada en la coreografía flamenca montada por Mario Maya. Por todo ella, la línea de María José Pérez es sólida, sostenida, y ascendente. Sin tontas vanidades y conscientes dificultades; respetando y aprendiendo cada día de los mayores, mujeres u hombres, payos y gitanos. ¡Enhorabuena, Mª José! Salud y suerte.
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