Creo no equivocarme si digo que nadie, ninguno, se esperaba lo que ocurrió el pasado viernes en la cueva de la peña flamenca “El Morato”. Cantaba María José Pérez, una joven mujer. Quienes ya la conocíamos esperábamos lo mejor de ella, pero nos encontramos con algo que rebasó todas las expectativas; y es que Mª José cantó como los granes, como las mas grandes, con ese cante que engancha y del que siempre se quiere más. Su recital fue una lección de buen hacer, manejó como nunca una maravillosa garganta y hubo momentos sublimes, casi tocar el cielo, no con las manos, sino a través de su voz. La acompañaba a la guitarra Antonio García “El Niño de las Cuevas” que, como siempre, estuvo entusiasmado por el arte de María José.
Subió al escenario del Morato parlanchina y humilde, y como quien no quiere la cosa se arrancó por tientos subiendo el listón hasta arriba, así, de golpe; y de ahí no bajó en todo el recital, los remató con unos tangos increíblemente gitanos (no se de donde le viene esa vena, pero bendita sea). Luego la soleá, lenta, magistral; petenera, casi rezada “pa llorar”; alegrías con algunas innovaciones y una estrofa por alegrías de Córdoba pero siempre dentro de lo clásico; granaínas con suavidad de seda, ella que tanto ama a Granada; tarantas de Almería y Linares y la preciosa milonga de la “Baladilla de los tres ríos” sobre un poema de Lorca. Luego Seguiriyas, fandangos, todo para poner los pelos de punta.
Así pues, pienso que todos los aficionados almerienses debemos estar de enhorabuena. Afortunadamente cada vez son más las voces flamencas importantes que tenemos. Como dice la rumba “todos queremos más”.
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